
El héroe abrió los ojos y se encontró desnudo en la semioscuridad de la pieza. Recordaba muy poco de lo sucedido la noche anterior; tan sólo atinó a vestirse para ir en busca de una solución. Tomó por último chaquetón negro y salió por la puerta de la casa, en la cual habitaba hace unas semanas. Caminó por el jardín lleno de agua y ropa tendida, hasta un cuartucho que simulaba un viejo garage. Ahí guardaba su antiguo Charade de color azul; lo encendió y salió por el portón delantero. Se dirigió por las principales avenidas con el sueño acuestas. No medía la dirección ni el riesgo de aumentar las cifras de víctimas por atropello o colisiones. Dobló por cuantas calles recordaba, hasta llegar a lo que parecía un taller o una sastrería. Estacionó el viejo Charade al frente, y caminó hasta la entrada con un cigarrillo apagado en la boca. Quería encenderlo en cuanto le abrieran, ya que no tenía fuego. Un extraño hombre de gafas oscuras y bigotillos pintados en la cara, le ofrece fuego y luego lo hace pasar. Atravesaron un gran corredor forrado con papel tapiz floreado, hasta llegar a un extenso patio lleno de leña y fierros. Al medio de todo esto, una mesa pequeña y tres tipos entorno a ésta. El héroe comenzó a recordar. Había quedado inconclusa la transacción nocturna. Tomó sus gramos, y apagó el cigarrillo para volver nuevamente a su casa. La pelea seria más tarde, así que había tiempo para unas horas de juerga.



