jueves, 3 de enero de 2008

Crónica de un peso mediano…intermedio.


El héroe abrió los ojos y se encontró desnudo en la semioscuridad de la pieza. Recordaba muy poco de lo sucedido la noche anterior; tan sólo atinó a vestirse para ir en busca de una solución. Tomó por último chaquetón negro y salió por la puerta de la casa, en la cual habitaba hace unas semanas. Caminó por el jardín lleno de agua y ropa tendida, hasta un cuartucho que simulaba un viejo garage. Ahí guardaba su antiguo Charade de color azul; lo encendió y salió por el portón delantero. Se dirigió por las principales avenidas con el sueño acuestas. No medía la dirección ni el riesgo de aumentar las cifras de víctimas por atropello o colisiones. Dobló por cuantas calles recordaba, hasta llegar a lo que parecía un taller o una sastrería. Estacionó el viejo Charade al frente, y caminó hasta la entrada con un cigarrillo apagado en la boca. Quería encenderlo en cuanto le abrieran, ya que no tenía fuego. Un extraño hombre de gafas oscuras y bigotillos pintados en la cara, le ofrece fuego y luego lo hace pasar. Atravesaron un gran corredor forrado con papel tapiz floreado, hasta llegar a un extenso patio lleno de leña y fierros. Al medio de todo esto, una mesa pequeña y tres tipos entorno a ésta. El héroe comenzó a recordar. Había quedado inconclusa la transacción nocturna. Tomó sus gramos, y apagó el cigarrillo para volver nuevamente a su casa. La pelea seria más tarde, así que había tiempo para unas horas de juerga.

domingo, 30 de diciembre de 2007

Cuadrilátero sangriento…fuera del ring (*)


Podría haber presionado con firmeza el gatillo del revólver hacia el calvo cráneo, y luego presenciaría la suerte de su lado por única vez. El héroe giró la cabeza hacia su derecha y comprendió que quizás estaba lejos de un desenlace favorable, y arrojó el arma al suelo. Se veía venir la miseria junto a sus cadáveres y juegos sucios, desde que clausuraron el gimnasio donde solían practicar los grandes boxeadores de antiguos tiempos. El héroe lo entendió de ese modo. Los eventos ocurridos en ese instante hubieran sido otros, si la victoria no implicara este tipo de esfuerzos desmedidos. Así que puso sus manos vendadas sobre la nuca y en cuclillas permaneció en profundo silencio con el terror acuestas. Desde su derecha se aproximaba el mafioso junto a sus leales matones de segunda clase. Es mejor cerrar los ojos y no pensar. Hasta altura habrían venido de maravilla las pastillas que aliviaban su extraña comezón por las noches. Ésta ya empezaba a desgarrar su espalda desnuda y todo lo hacía más difícil, cualquier movimiento en falso y era hombre muerto, pero fuera del ring. El mafioso de una patada lo tira contra el suelo, mientras el calvo cráneo recoge su revolver para salir por la puerta trasera, como estaba planeado. El héroe comprende que inevitablemente su sangre caerá fuera del cuadrilátero.

viernes, 14 de diciembre de 2007

La impredecible derrota…”Knockout”


El héroe da un golpe certero en la quijada del rival y éste cae al suelo en un aparente “Knockout”. La conmoción de apodera de la audiencia expectante, mientras abre los ojos para mirar el cuerpo tendido en el cuadrilátero de su oponente. La inminente victoria es una impredecible derrota por Knockout. El héroe cierra los ojos con el ácido del sudor que cae desde la cabeza, y espera a que el simulacro se detenga para que las garras de lo evidente lo dejen en ridículo frente al público de esta noche. Las luces se posan sobre el rival recostado en siesta, que tras 6 segundos de expectación se levanta y vuelve a la batalla. El héroe es un pésimo actor, así que se posiciona nuevamente en actitud de lucha, a pesar de que debe caer en el tercer round según el grito ronco que lo amenaza desde la tribuna. El golpe certero más bien es un boleto de ida hacia la apariencia de la victoria, es decir, la impredecible derrota que la audiencia comentará en sus crónicas. La quijada del oponente se incorpora al espectáculo con una sonrisa de celuloide americano, ensangrentada y falsa. El héroe impávido ya no recuerda en que round va la pelea, tan sólo espera el tercero cuando sus ojos enormes deban caer al suelo, para que el mafioso de la cuadra cobre su boleto a la victoria de una maldita pelea arreglada.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

El amor del héroe...Tiempo fuera


La historia ha dado tantos amores como héroes. Quizás ella sea la batalla que más le ha costado mantener en ritmo durante su vida. Mientras el pequeño hombre del corbatín negro da un respiro, el héroe aprovecha de buscar en la sorda audiencia a su amada. Las luces del escenario juegan con las sombras de la multitud y un foco consigue iluminarla. El hecho fortuito parece un momento de gloria, pero más bien es el instante en que el desfigurado rostro busca el puño más fuerte del adversario y luego la muerte. Estos segundos eternos permiten absorber la mirada de su amada el último aliento para obtener la victoria. Tan sólo bastaría generar la derecha más precisa de la noche y apuntar en la quijada del rival el golpe certero. Y luego, la llevaría tan lejos como pudiera, donde su cara cortada no sea signo de vergüenza y donde pueda conocer la felicidad y el amor ansiados. Si tan sólo fuera su día de suerte, los ojos de su amada no se quebrarían en llanto. Fin del tiempo fuera, devuelta a la batalla diaria de la vida.

martes, 11 de diciembre de 2007

La muerte del héroe…1º round


La muerte del héroe se aproxima. Camina por el jardín de una casa abandonada, lleno de flores secas y pedazos de escombros. Sin dudar golpea secamente la puerta. El héroe se encuentra recostado sobre el catre, con sólo un par de frazadas. El humo de un cigarro mal apagado se extingue, tal como las ilusiones de grandeza. La escasa luz que entra por una venta y atraviesa unas cortinas rasguñadas, es absorbida por un chaquetón negro colgado en una silla. El héroe no escucha el llamado de la muerte. quizás ya no escuche nada más que un ruido constante en lo profundo de sus tímpanos. La muerte golpea nuevamente, esta vez con apuro; hay trámites que hacer, no tiene todo el día. Menos para venir a la casa de un desposeído y hacer el ridículo tocando la puerta. Se impacienta, así que grita por la ventana: ¡Despierta!, ¡Despierta miserable! Su voz es ronca, como la de un rufián o mafioso de la cuadra…